Aprender a vivir con el fracaso: Heinrich Fink

Aprender a vivir con el fracaso: Heinrich Fink

ADN- Grimm 8.6.90 Berlin: Mahnwache- Der Rektor der Humboldt-Universität Berlin, der Theologe Prof. Dr. Heinrich Fink (r), versicherte den Studenten bei ihrer Mahnwache vor dem Berliner Dom seine Unterstützung und forderte sie auf, die Sicherheitspartnerschaft mit der Polizei einzuhalten. Durch weiträumige Absperrungen vor der Volkskammer durch ein starkes Polizeiaufgebot war eine gespannte Situation entstanden.

 

Achim Trebess y Enrique Martínez Pérez 

 

 

La conversación que la revista ofrece en este número, resume la postura de uno de los protagonistas principales de los últimos cambios ocurridos en Alemania. 

En un escrito aparte, nuestros amigos Achim Trebess y Enrique Martínez documentan con amplitud la circunstancia que rodeó las declaraciones del Dr. Heinrich Fink, los posteriores acontecimientos y la opinión de personalidades como Günter Grass, Christoph Hein, Rudolf Bahro y Christa Wolf acerca de estos sucesos. A dicho texto, que se publica inmediatamente enseguida de la entrevista, remitimos al lector interesado. 

 

 

Prof Dr. Fink, en el otoño del 89 usted fue uno de los defensores de la idea de preservar a la RDA como Estado. El 4 de octubre de ese año, usted se pronunció ante el millón de manifestantes, por una «democracia pluralista» sobre bases propias en la RDA, ¿cómo valora usted desde la perspectiva actual, a más de dos años de distancia, los grandes acontecimientos del otoño aquel? 

Sí, yo defendí entonces esa idea. En la opción de una vía propia veía yo una alternativa frente a la anexión, que fue lo que ocurrió a la postre. Era la idea de una confederación de los dos Estados alemanes. Esta salida ofrecía la posibilidad de preservar lo que había aún de estable, de positivo (porque lo había) en la RDA; de preservarlo y llevarlo con nosotros, de integrarlo al nuevo Estado. Yo era de la idea de integrarnos a la Comunidad Europea como Estado confederado. Porque yo no sólo respeto la historia, sino que también sostengo la opinión de que debemos vivir con esa historia. Y cuarenta años de historia —al margen de cómo haya sido ésta— poseen una dinámica propia, y los ciudadanos de la RDA son también responsables de esta dinámica. Ya antes del otoño del 89 me movía la esperanza de que la idea del socialismo, como suma de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa y de las estructuras erigidas luego de la derrota del fascismo alemán en la entonces Zona de Ocupación Soviética: la idea del Estado alemán alternativo, del Estado alemán antifascista, echara también raíces en el conjunto de la sociedad. Y de este ideal se desprenden los otros: la igualdad entre los hombres sin discriminación de razas, la justicia social que excluye la explotación y, por supuesto, el ideal de paz entre los hombres y entre las naciones. Este es para mí un ideal socialista y una utopía socialista que pudo haber cristalizado a partir del momento en que el PSUA comprendió la necesidad de reformarse y se pronunció por un socialismo democrático; y éste continúa siendo para mí una visión. Yo creo que debemos ver más allá de Alemania, que no debemos ver a Alemania como el ombligo del mundo. No quiero terminar mi respuesta sin agregar que el ideal, el sueño socialista quizá haya llegado a su fin en Alemania, que ha fracasado estrepitosamente: pero ese ideal debería preservarse por lo menos para Latinoamérica, África, Asia. 

 

¿Nunca más socialismo en Alemania? 

Los alemanes ya eligieron: eligieron el D-Mark, eligieron el capitalismo. Y cuando se ha elegido el capitalismo, no puede ya elegirse el socialismo. Está aún por verse si existe un capitalismo con justicia social. Al respecto, tenemos hasta ahora nuestras razones para dudarlo. Creo que la elección del D-Mark significó el fin de la utopía en Alemania. 

 

Me parece que en usted es más fuerte la motivación de la utopía que en otros casos, quizá porque proviene de la tradición cristiana. ¿Cómo puede usted vivir con la certeza de que lutopía socialista no se concretará nunca más en Alemania? Y con respecto al pasado: ¿Siente usted a veces remordimientos de conciencia, algo así como un complejo de culpa cuando piensa en sus años en la RDA? 

Vivir con esa certeza es bastante duro. Pero vamos mejor a lo segundo. No es ésta la primera vez que me plantean esta pregunta. Esa sensación de culpabilidad la tenía yo siempre que se limitaba u obstruía el desarrollo de gente joven, o el desarrollo de concepciones científicas. Pero esta sensación de culpablidad es esta vez mucho mayor, porque hemos destruido un concepto: el de la utopía socialista; y lo destruimos como RDA. Yo no puedo decir ahora: «Esto lo destruyeron los capitalistas», sería bastante simplista el afirmarlo. Fuimos nosotros. Y lo que aún me sostiene, con lo cual me ayudo a mí mismo, es con un poco de esperanza bíblica: la de que hay que aprender a vivir con el fracaso. 

 

En la RDA se daba la situación de que se cargaba con esa culpa en cierto modo conscientemente, quizá debido a la certeza de que este país tenía que cambiar. Esto se observó con claridad en los años ochenta, a más tardara mediados de los ochenta. Pero la RDA ya se acabó ¿y cómo salimos de esta situación? 

Yo no quiero dramatizar todo esto. Esta nueva situación hay que afrontarla. Yo creo que ideal de la justicia social debe preservarse. Yo no puedo caer en la resignación; de haberlo hecho, no podría identificarme ahora con este ideal. Yo creo que la justicia social, aun cuando nosotros mismos la hayamos destruido, va a existir y debe existir. Debemos defenderla nosotros mismos en momentos como éste, en el que se le pisotea. Ese debe ser nuestro compromiso, y ello me coloca de nuevo en la oposición. Antes estuve en la oposición, ahora también; poco ha variado la situación en este sentido. Mi esperanza radica en la convicción de que el hombre no debe autodestruirse. El que incurre en esto echa sobre sí una culpa con respecto a los desválidos de la sociedad, con respecto a la horrible destrucción de la naturaleza, etc. 

 

Otra cosa: ¿Cómo ve usted el cambio de actitud de los medios de difusión occidentales respecto a los intelectuales y artistas críticos de la RDA? Antes de la caída del muro los festejaban como héroes de la resistencia, ahora resulta que fueron sólo peones de estribo de la dictadura. Y algo más: ¿No será también que ustedes también llegaron a creérsela, que se mecían en el autoengaño? 

Por supuesto que nos engañamos a nosotros mismos; y cerramos los ojos ante el rostro verdadero del capitalismo. Estábamos bastante ocupados con nosotros mismos, con nuestras lamentaciones; no podíamos ver con qué fines nos habían utilizado en los años pasados. Y pienso por ejemplo en los escritores, que eran los reyes sin corona, tanto en la República Federal como aquí, o pienso también en los teólogos y en los pastores, entre los que me cuento: cuando íbamos a la RFA, fectivamente se nos festejaba; y nosotros creíamos que era verdad, que aquello era sincero, y no lo era. La primera en corroborarlo fue Christa Wolf. Las editoriales occidentales engrosaron sus arcas con la publicación de sus libros. Allá se festejaba en ella a la oposición de la RDA. Y apenas se vino abajo la república, la empezaron a atacar, a calumniar, a propagar que había estado coludida con el sistema, que había trabajado para la STASI, etc. Esto indica que nunca nos tomaron en serio. Y hasta la fecha: yo siento que mis interlocutores en la República Federal no me toman en serio. Hay demasiada prepotencia en ellos, y yo soy a sus Ojos el ossi tonto. Haga lo que haga, es siempre lo mismo. Pero desde que me di cuenta de ello, tengo de nuevo una postura, una posición. 

 

Usted estuvo allí, como orador aquel 4 de noviembre, debe saberlo mejor. Se dice que es un viejo dilema de los intelectuales alemanes el sentir que tienen a las masas detrás de sí, que hablan por ellas, etc. Veámoslo en retrospectiva: aquella fue una manifestación de un millón de gentes; para entonces ya se saa que la RDA marchaba económica y políticamente a la bancarrota, esto se veía venir por lo menos a partir de su último año. La gente se habla manifestado en Leipzig y en Berlín, había tomado una posición, lo cual era inédito en este país. Luego vino el auge en los meses de octubre y noviembre, cuando surge la ilusión al menos por esos meses de que la gente estaba detrás de las demandas, de las exigencias que se enarbolaban entonces. Hablemos un poco de esto. 

Sí, las demandas hechas aquel 4 de noviembre eran elementales: libertad de expresión, de opinión, libertad de prensa, libertad de cátedra, reforma educativa, etc. Y la gente se dejó entusiasmar por ellas. Con la manifestación del 4 de noviembre —luego de la del 7 de octubre— queríamos demostrar y demostrarnos: «¡lo vamos a lograr!» Esto era de extraordinaria importancia. El hecho de que las manifestaciones del 7 y 8 de octubre hubieran sido reprimidas por la policía, fue resentido por muchísimos ciudadanos de la RDA como un ataque a su propia dignidad.  

 

Respecto a esos acontecimientos del 89, Friedrich Dieckmann hace una observación que me parece interesante; él afirma que fue una revolución sin revolucionarios, que habla gente que protestaba, pero no protagonistas; pero que acaso ese hecho le abría una posibilidad a este proceso. ¿Cómo valora usted esto? 

No, aquello no fue una revolución, sino que fue más bien una revuelta que pusieron en marcha masas de inconformes. Eran gentes que impugnaban abiertamente lo que nunca fue revolucionario en la RDA: la construcción del socialismo. Lo que ellos querían, pienso yo, un socialismo democrático, y tengo la impresión —quizá falsa, no quiero generalizar— de que el 4 de noviembre la gente, las masas no protestaban contra la RDA, sino que se manifestaron por una república alemana socialista democrática. 

 

Y usted cree que la caída del muro dio al traste con esta visión…  

Sí, eso cerró la posibilidad a todo proyecto alternativo. Contra la opinión de muchos yo sostuve entonces que el 9 de noviembre había sido un golpe de Estado. Llegó un momento en que Egon Krenz no supo más que hacer y, de acuerdo con Schabobski y el Buró Político, decidió abrir el muro, porque pensaban que con ello resolvían el problema-RDA. El muro era ya insostenible. Pero tampoco había que echarlo abajo, destruirlo de inmediato. El que no haya habido muertos el 8, 9 y 10 de noviembre fue de alguna manera un golpe de suerte; esto no se puede calificar de racional, sino más bien de irracional, porque los policías y soldados en el muro estaban todos armados y no dispararon, sino que respetaron al pueblo. 

 

Pero explíquenos, por favor, su idea de que cl muro no había que derribarlo de inmediato. 

El muro debió haber sido desmontado poco a poco, piedra a piedra, como una decisión independiente de la RDA, lo cual no fue posible, porque las aspiraciones de la población de la RDA a una vida mejor fueron más fuertes que la idea del socialismo… 

 

Lo cual radica en que la idea del socialismo siempre estuvo ligada a la noción del bienestar material. Esto era una tradición en este país. Aún tengo en la memoria la imagen de Christa Wolf que desde la tribuna de oradores cita la consigna: Estamos en el socialismo y no se marcha nadie...Y yo no sé en verdad si ese millón de gentes que se manifestaron entonces sentían también como suya esta consigna. Contra la violencia, por una RDA mejor sí, seguramente; pero la otra consigna tenía que ver con la vieja RDA, con nuestra corresponsabilidad. 

El cuestionamiento es, por supuesto, legítimo. Una cosa que me disgustó del socialismo aquí fue cuando la RDA recibió el famoso préstamo de los mil millones de marcos Otorgado por Franz Josef Strauss. Cuando se lo comentaba a mis amigos, estos me tachaban de moralista. Se me decía que la economía de la RDA debía estabilizarse, que para eso precisábamos el crédito. Yo les contestaba que yo no hubiera aceptado un crédito de Strauss. Si alguien como él, que no es ningún amigo de la RDA, nos ofrece dinero, es porque algo quiere a cambio. Una segunda desilusión y decepción resultó para mí la introducción en la RDA de una segunda unidad monetaria, el marco federal o D-Mark, necesario para adquirir productos en los llamados intershops. Es decir, que de pronto teníamos en la RDA una moneda paralela, una unidad monetaria ajena con un ideal ajeno, que introducía consigo un estilo de vida ajeno. Ustedes pueden decir que esto es moralista. Pero el socialismo exige también un cacho de moral, de moral política. 

 

Estos son argumentos que podrían llevar a la conclusión 
de que el crédito de los mil millones por un lado, y los intershops por el otro abrieron los primeros hoyos en el muro. A usted podría reprochársele (lo cual yo no pretendo hacer) que lo que usted persigue con su argumentación o bien lo que usted admite con ella es propiamente que la RDA sólo podía admitir con esa moral, que ésta era su condición necesaria de existencia. ¿O no es así? 

Mire usted, para mí la construcción del muro en 1961 fue una gran fatalidad, así lo experimenté, así lo viví. Acaso mi opinión le parezca fantasiosa y no le sirva de nada. Porque yo opino que un hombre que tiene que amurallarse no puede ser libre. Y la RDA se amuralló entonces, quizá como una necesidad política, se arrebató a sí misma su propia libertad. La RDA debió haber aclarado entonces: Bien, tenemos que amurallarnos, pero debe convocarse ahora (y en 1961, a dieciséis años del final de la guerra, ésto aún era posible) una Conferencia Internacional de las cuatro potencias vencedoras para decidir sobre el futuro de Alemania. Pero no, lo que ocurrió fue por el contrario que ambos Estados alemanes, en especial la República Federal, reclamaron su propia soberanía. Repito: yo siento el muro como una fatalidad desde 1961. Pero derribar el muro de la manera en que fue derribado es igualmente una fatalidad. 

 

Yo creo que el problema es mucho más complejo. Por una parte es que esta utopía no podía vivir con el muro, pero sin muro tampoco. Esta es una contradicción que no me puedo aclarar. ¿Tiene usted una opinión parecida? ¿O piensa que no se da esa contradicción? 

Les contaré un chiste judío: un hombre casado que tenía problemas con su esposa se dirigió al rabino para pedirle consejo. Y éste le dijo: «Bien se ve que no puedes vivir con tu mujer; pero estás tan enamorado, que tampoco puedes vivir sin ella. Inténtalo, pues, con ella». Respecto al muro, yo pienso exactamente lo contrario: con el muro no se puede vivir; sin el muro, tampoco. Intentémoslo, entonces, sin él. Pero no por ello debo renunciar a mi mensaje, a mis ideas, a mi identidad. El muro era insostenible, pero al respecto debimos haber empezado a meditar entonces, en 1961: ¿Qué hacemos ahora? El muro duró demasiado. Nosotros debimos haber empezado a plantearnos la cuestión de cómo demontar el muro a más tardar en 1985, con Gorbachov y la glasnot, con la perspectiva de la Nueva Europa planteada por Gorbachov. Pero tuvo que ser la gente misma la que se decidiera a derribarlo, empezando por aquéllos que prefirieron escaparse del país. En la RDA tuve que enfrentarme siempre a tres tipos de problemas; el primero fue el de la constante segregación, del cual no pude librarme nunca: cuando escribía algo o leía el Neues Deutschland me topaba siempre con el problema de la segregación, del aislamiento. Siempre que tenía que explicar el socialismo, lo hacía invariablemente con la sensación de estar aclarando algo negativo. Yo conocí personas que se apartaron de mí porque yo les resultaba peligroso. La exclusión siempre estaba presente de una forma u otra. El segundo problema fue el de la sutil imagen del enemigo político; el hecho de concebir como enemigos a gentes que no eran tales. Pero la capa dirigente necesitaba esos «enemigos» para desviar la atención de los problemas reales… Detengámonos a pensar: ¿Quiénes eran los enemigos del 7/8 de octubre (del 89)? Eran los grupos ecologistas, el movimiento por la paz, los grupos independientes de mujeres o Mujeres por la Paz; los «enemigos» eran los homosexuales, los grupos de la iglesia por la paz, etc. Y éstos eran grupos políticamente interesados, Cuya idea no era la de acabar con el socialismo. Estos eran los enemigos de la versión de la capa dirigente del partido y el Estado en la RDA, pero no eran Los Enemigos. Los enemigos estaban en el establishment, estaban en el buró político que precisaba inventar la existencia de esos «enemigos» para afianzarse en el poder. El tercer problema fue el de la contaminación ambiental, nuestro proceder irresponsable con la naturaleza, nuestra contribución al desastre ecológico, el alto nivel de contaminación alcanzado en la agricultura, la industria química, la vida diaria. No había en la RDA una conciencia ecológica, ningún concepto para preservar la naturaleza. Estos eran mis problemas, otros tenían seguramente problemas distintos. 

 

 

El proceso de transformación en la 

Universidad Humboldt 

 

¿Qué está ocurriendo actualmente en esta universidad? 

Ocurre que la Universidad Humboldt atraviesa actualmente por una profunda crisis, porque se le niega el derecho de autotransformarse, de autorenovarse. El senado (gobierno) berlinés nos declara prácticamente incapaces de llevar adelante el proceso de renovación de nuestra institución; es un acto de interdicción que se ejerce no sólo contra la persona del rector sino contra todos y cada uno de los que formamos parte de la universidad. 

 

¿En qué consiste ese proceso de transformación, cómo se ha desarrollado? 

La primera tarea que nos fijamos al llegar a la administración fue la de impedir que se siguiera instrumentalizando ideológicamente la ciencia, esa cotidiana anomalía en los tiempos del PSUA, partido que era antes omnipresente y que ejercía en la institución un poder omnímodo. Esta fue la primera tarea que emprendimos, en 1989/90 introdujimos los correctivos administrativos necesarios y la sacamos adelante. El PSUA y su aparato de poder salieron de la universidad lo mismo que la FDJ (Juventud Libre Alemana), la organización juvenil oficial. Con ello creíamos haber sentado las bases para desarrollar un concepto propio de transformación radical de las estructuras universitarias desde dentro. Pero lo que ocurre ahora es que se han impuesto otros criterios ideológicos con ayuda de los cuales todos podemos ser removidos de nuestras posiciones, de nuestros empleos. Con lo anterior no quiero decir que se despide a todos, pero los grados académicos son puestos en tela de juicio, los asistentes se contratan sólo por tiempo determinado, sin garantía alguna de renovación; el resultado es que con estos mecanismos se desocupa un gran número de plazas de trabajo que nos lleva a pensar que tendremos en breve una gran invasión académica del occidente. 

 

 

La inefable «Abwicklung» 

 

El gobierno y el parlamento berlineses, en flagrante violación de la autonomía universitaria, determinaron la desaparición provisional de cinco escuelas, la llamada Abwicklung de la jerga oficial: historia, filosofía, pedagogía, derecho y economía, por considerar que tenían un pasado comprometedor, ergo había que desmantelarlas. Y yo presenté una demanda jurídica contra esa determinación para dejar claro que esas cinco escuelas deberían seguir siendo parte de la universidad. Pero ahora se despide continuamente a profesores y trabajadores y se convoca a decanos fundadores de la antigua República Federal para reorganizar el funcionamiento de estas escuelas; y seguramente las plazas vacantes van a ser ocupadas en su gran mayoría por colegas (si es que se les puede llamar así) del occidente. Se trata prácticamente de una invasión. Esto es lo que está pasando: a la universidad se le escamotea su autonomía, el gobierno y el parlamento berlineses la atropellan cotidianamente. La universidad es oficialmente autónoma, pero no se le concede ni remotamente el grado de autonomía que a las otras dos universidades de Berlín occidental, sino que, al contrario, la Universidad Humboldt fue despojada de facto de su autonomía y el Senador (ministro, secretario) de Ciencia e Investigación del gobierno berlinés se arrogó el poder de decisión sobre ésta. Lo que se pretende con todo esto es echar fuera todo lo que tenga que ver con la antigua RDA, también al rector, porque yo también soy un pedacito de RDA. 

 

¿Acaso tiene esto también que ver con la crisis de la educación superior en las universidades de Alemania occidental? 

Pero claro. Se me dijo con frecuencia que la Universidad Humboldt, a diferencia de otras universidades de la ex-RDA, no debía desaparecer. La idea es que se convierta en una universidad de punta, de élite. Yo no sé qué sea una universidad élite, pero en fin. Porque según la Constitución, todo el que haya terminado la prepa tiene derecho a estudiar una carrera universitaria, eso es lo que yo sé. Y a nosotros, de la Humboldt, se nos exige la admisión de un determinado número de alumnos, el cupo limitado, lo que implica también un número limitado de profesores. En segundo lugar se trata de impedir que esta institución sea un éxito tardío del movimiento estudiantil del 68; para evitarlo hay que despedir gente. Y para realizar la idea de la universidad de élite hay que traer a la élite académica de las universidades de occidente. 

 

Ese es un aspecto, pero yo creo que hay otros. ¿Estaría usted de acuerdo conmigo en que se trata de matar tres pájaros de una pedrada. Primero, el problema de la universidad de masas en el occidente; segundo, el problema con la RDA, y, en tercero de resolver el problema de que la antigua RFA no tiene una universidad de punta, de tanto renombre en el mundo como la Humboldt, con más renombre que, por ejemplo, las otras dos universidades de Berlín occidental?  

Totalmente de acuerdo.  

 

Otra cuestión. Es un hecho comprobado que existen profesores con pasado ideológico comprometedor, usted mismo lo ha reconocido. Y este es un problema que no puede explicarse solamente por la presión que ejercía la dirección del partido en la universidad o en Berlín, sino que esto tiene que ver también con las publicaciones científicas, en parte también con la metodología científica. Usted mismo dijo que hay un abismo entre Marx y el marxismo, entre la teoría marxista y la versión pervertida de los manuales, pero al menos en esta universidad se practicaron ambas. ¿Cómo se puede diferenciar una cosa de la otra? ¿Puede acaso diferenciarse? 

Lo primero que hay que hacer es, en mi opinión, detectar las causas de los errores, se trata de poner ahora en claro dónde se presentaron los errores. El problema aquí radica en la existencia de un partido que se sentía omnipotente, de un partido incapaz de asumir la más mínima actitud crítica ante sí mismo. Y un partido con tales características no tiene el más mínimo derecho de justificar científicamente su existencia. En cuanto al marxismo, yo soy de la opinión de que éste debe estar a la altura de la realidad, que debe transformarse constante. Que es inconcebible que se exija indefinida, impunemente de nadie y nombre del marxismo que se reflexione sobre verdades artificiales. No debemos perder nunca el ojo crítico. El marxismo debe ser sometido a crítica, ideológica y políticamente, y la crítica en el ámbito político tiene que ser necesariamente práctica. Esa posición crítica, ese ojo crítico, lo que no hubo antes, eso es lo que urge. Esa fue la causa que hizo posible la instrumentalización de la ciencia, de la academia en esta universidad. 

 

Usted dijo que hay que defenderse contra esta avalancha, que habrá una lucha y que debemos luchar. ¿Cree usted que sea este el ánimo que mueve a los estudiantes y profesores de esta universidad? 

Este es el ánimo de la mayoría de los estudiantes, que son los menos afectados en esta cuestión. Y de un número pequeño de profesores. La mayoría de estos últimos están en el mejor ánimo de adaptarse a la nueva situación, dicho sea eufemísticamente. La mayoría de ellos quieren seguir escalando y no meterse en problemas. Cada uno cuida su pedacito. 

 

¿Quiere decir esto que esta es una batalla perdida de antemano? 

Sí, eso es lo que yo pienso; pero por eso mismo sigo luchando. Yo sé que es una batalla perdida. Sé que no tengo el poder ni la gente, ni la seguridad de que haya en algún lugar, algún día una ciencia, una academia independientes.  

 

 

 

GrassBahroHein  

y Wolf: más sobre Fink 

 

La conversación con el Prof. Dr. Heinrich Fink tuvo lugar el 21 de mayo de 1991; no obstante el tiempo transcurrido consideramos que estas declaraciones no han perdido actualidad. Muchas cosas han pasado en la universidad desde entonces. La más importante es que Heinrich Fink no es más rector de la Universidad Humboldt: el Senado Berlinés, por conducto del Senador de Ciencia e Investigación, Manfred Erhardt, lo cesó en sus funciones el 28 de noviembre de 1991. No sólo en sus funciones de rector, sino también en las de profesor e investigador de la Facultad de Teología. La «razón» esgrimida fue que Fink había trabajado para la STASI desde 1969 bajo el seudónimo de «Heiner», una seria acusación que no le han probado hasta hoy. La secuencia de esta intriga política la describe el escritor Christoph Hein en una carta, de la cual se publica un fragmento en este mismo número. 

Heinrich Fink no es el primero ni será el último. El procedimiento es el mismo. De la misma manera se deshicieron del último presidente de la RDA, Lothar de Maiziere (de la Unión Cristiano-Demócrata, CDU); lo mismo vienen intentando con Manfred Stolpe (del Partido socialdemócrata, SPD), actual gobernador de Brandenburg. Lo que tiene lugar aquí, en el antiguo territorio de la RDA, es una auténtica cacería de brujas. El caso más dramático fue el de Gerd Riege, diputado federal por el Partido del Socialismo Democrático (PDS) Este, cuando amenazaba con trascender una información que proporcionó a la STASI hace 30 años, prefirió suicidarse antes que enfrentar a esa jauría que es la prensa. La información de marras fue por demás irrelevante, como reconocieron los medios mismos. El propio Fink lo preveía entonces: de lo que se trata es de acabar con todo lo que huela a RDA, se trata de engullirse el pastel completo; se trata de desplazar de los puestos públicos a los alemanes orientales que —unos más, otros menos— se niegan a la incondicionalidad, que se reservan el derecho de pensar por sí mismos, que se niegan a arrastrarse en la unidad. 

El procedimiento, aunque pedestre, ha demostrado ser eficaz, si no es que infalible. Si alguien le quiere mover el piso a algún funcionario, ex-ciudadano de la RDA, recurre primero a la llamada «Gauck-Behörde», dependencia Oficial que tiene a su cargo los siniestros archivos de la siniestra STASI, y en alguna línea de alguna hoja de algún expediente aparecerá algo que lo comprometa o que por lo menos los haga aparecer como sospechoso. La mínima sospecha basta. Los medios de comunicación (la buena noticia es la mala noticia) se encargan del resto. Se le monta una campaña con resultado previsible: al final alguien habrá perdido la cabeza y la STASI (de nuevo en su papel de depositaria de la Verdad) habrá triunfado una vez más. Lo que campea, pues, es la rapiña. Y esta acabó por cebarse en Heinrich Fink. El rector de la Humboldt fue siempre un interlocutor incómodo para el Senado, una piedra en el zapato y hacía ya tiempo que el Senador Erhardt lo traía entre ojos. Finalmente lo cesó con un sofisma, con una acusación infundada, sin haberle dado la posibilidad de defenderse, sin haberlo escuchado siquiera, sin mediar consulta alguna con el Consejo Universitario. Resulta curioso que la STASI siga ganando batallas, no deja de ser una ironía que su espada flamígera la esgriman ahora los otros, los nuevos señores y que sucumban ante ella los que hicieron posible su desaparición. 

El cese de Fink como rector de la Universidad Humboldt desencadenó una ola de protestas de las más diversas personalidades, organizaciones e instituciones de Alemania y del extranjero. El Consejo Universitario le otorgó su apoyo irrestricto con una mayoría de 110 votos a favor por 8 en contra; los estudiantes le reiteraron asimismo su apoyo masivo. Pero al domicilio del Senador Erhardt y de Gauck llegaron también cartas de protesta contra el despido y de apoyo para el rector de muchas universidades europeas como la Universidad de Viena, así como de incontables personalidades del mundo de la ciencia y la cultura. Reproducimos enseguida fragmentos de algunas de ellas. (EMP) 

 

 

Christop Hein (escritor) 

 

La dependencia a su cargo, en una carta escrita el 25 de noviembre de 1991, acusó al rector Heinrich Fink de haber sido colaborador del Ministerio de Seguridad Estatal (STASI). Tres horas después dc recibir esa carta, el Senador de Ciencia cesó en su cargo al rector, sin obstar que disponía solamente de la afirmación de su oficina, pero no de la más mínima prueba. 

La opinión pública sigue hasta la fecha en espera de las pruebas que fundamenten su afirmación. Si acaso existe alguna, ¿por qué no la da a conocer? 

Hay indicios que presuntamente comprometen a Fink (fichas con su nombre y dirección y expedientes borrados). Pero de los mismos indicios se desprende que Fink no sólo no es culpable de las acusaciones, sino que fue incluso una víctima de la Staatssicherheit (STASI), que sus actividades eran vigiladas por esta.  

Como están las cosas, según las leyes de un estado de derecho, Fink debe ser considerado inocente. Si usted es de la opinión de que fue colaborador de la STASI, entonces compruébelo. De lo contrario está usted incurriendo en una calumnia. 

(…) 

El 1 de febrero de 1991, la oficina a su cargo comunicó  oficialmente que no había nada en contra de Fink, para venir a afirmar ahora —catorce días antes de la elección del nuevo rector— lo contrario y sin ofrecer pruebas. 

(…) 

Usted y la dependencia a su cargo obraron con ligereza al inculpar al señor Fink sin ofrecer pruebas contundentes de su culpa. Los estudiantes, con su protesta, han llamado la atención sobre una omisión de la justicia. Este es un mérito por el cual nosotros deberíamos estarles agradecidos. Ud., señor Gauck, lo empeora todo cuando acusa a esos estudiantes de estar manipulados por algún partido.  

Y con acusaciones no probadas envena usted el clima de este país. Si Fink es culpable, no podrá seguir ejerciendo el cargo de rector de la universidad. Pero ofrezca usted primeramente las pruebas al respecto. Mas si es inocente, si fue una víctima del espionaje de la STASI —que es lo que hacen suponer los expedientes encontrados hasta ahora—, entonces Fink estaría siendo víctima del Ministerio de Seguridad por segunda ocasión. Y usted sería, sin quererlo, un continuador del trabajo del mismo. 

 

(En carta del 4 de diciembre del 91 a Joachim Gauck, jefe de la llamada «Hauckbehörde», dependencia oficial que concentra y administra los archivos de la STASI). 

 

 

Günter Grass (escritor) 

 

Yo no estoy de acuerdo en que se hable del «caso Fink», éste no es un problema exclusivo del señor Fink… El problema estriba en que los expedientes de la STASI adquieren el valor de verdades irrebatibles, sin haber sido casi motivo de examen. Y el inculpado en turno —sin oportunidad de echar un ojo en esos expedientes— tiene que comprobar que lo que escribió allí la STASI es falso. Esto es una atrocidad inconcebible; para decirlo con una frase: nunca la Seguridad Estatal de la antigua RDA fue más eficaz que después de su desaparición. 

 

 

Rudolf Batro (filósofo) 

 

Este es un procedimiento común y corriente. Heinrich Fink, en situación sin perspectiva aparente, hace el intento de preservar la dignidad de esta universidad en un periodo de transición hacia nuevas estructuras, y en esta empresa apuesta a la voluntad de autodepuración de su gente. Y se trata de impedir que este hombre —mal visto (en los círculos oficiales), que además no se arredra ante los descalabros— registre su candidatura para un segundo periodo rectoral. 

(…) 

No es bueno para Alemania y para el mundo la forma en que se está procediendo con el síndrome de la STASI. (…) Cualquier persona que haya sido una vez comunista o miembro del partido en la RDA —y yo fui por décadas ambas cosas—, o el simple hecho de que alguien se haya pronunciado por el más débil de los dos estados alemanes son suficientes para ser considerados corresponsables de la existencia de ese aparato de opresión. 

(…) 

Si nos atenemos a los criterios que están detrás de la intriga oficial contra Heinrich Fink, yo también habré colaborado con la STASI. En particular durante mis nueve meses en prisión. No es broma. En un determinado momento se me exigió entonces escribir para uno de los de «mero arriba» (más no se me dijo, pero yo supuse que era para Kurt Hager) cómo concebía yo la introducción de las reformas de la praxis comunista que proponía yo en mi libro La alternativa. Y yo puse un documento así en manos del oficial que me interrogaba. Y ahora lo que me parece más importante. La concepción que predomina en la parte occidental sobre la superación (del pasado histórico) de la RDA consiste en afirmar que aquí (en el Este) no pasó nada y en atribuirse a sí mismos —merced al proceso de democratización que vivieron— un desarrollo pleno de luz y sin la más mínima sombra, y detrás de esta concepción se esconde la omisión histórica de que hubo una vez una Batalla de Stalingrado, que una vez ondeó la bandera soviética en la cúpula del Reichstag y que por eso, al menos por eso, tuvo que haber una RDA. 

 

 

Christa Wolf (escritora) 

 

En este caso, hay dos cosas que me preocupan. La primera es que tengo la impresión de que la STASI está cosechando en estos días sus mejores triunfos, de que ésta sigue siendo la que decide quién es sospechoso y quién no, quién está libre de sospecha y por qué, y cuándo hay que sospechar de alguien (…) 

Lo segundo es el hecho grotesco de que no hay nada que
perjudique más a una persona que unos expedientes desaparecidos. Acerca de esto deberían meditar los de la «Gauck-Behörde» (…) 

 

 

Una noticia de última hora 

 

Y como remate para los lectores que se toman el tiempo de leernos: el siguiente capítulo de su telenovela «Como gato bocarriba» con Heinrich Fink, Manfred Erhardt y el Estado de derecho. 

El 1 de abril próximo pasado, el Tribunal Laboral de Berlín ha fallado en favor del demandante Heinrich Fink, ha declarado ilegal su despido y ha ordenado que sea restituido en sus funciones de profesor e investigador en la Facultad de Teología con todos sus derechos; para ello ha argumentado insuficiencia de pruebas en las acusaciones que se le imputan. El senador Erhardt, por su parte, apeló el fallo y exigió una revisión del caso. El senador en su laberinto. CONTINUARÁ, no lo dude ni tantito. 

 

 

La última 

 

El 7 de abril, el Consejo Universitario de la Universidad Humboldt acordó —por apretada mayoría, cabe aclarar— restituir a Heinrich Fink en su puesto de rector de la institución. Pero a ello se opuso el rector interino, que se atiene a la decisión de Erhardt.