Ciertas virginidades

decíamos ayer

Ciertas virginidades

Por DANIEL SADA

 

Ambiguo es el presagio
en el cloqueo del agua
si un trazo se perfila
Dura el aojo del niño
aquel, digamos
sobradamente mohino
que no ve la cabriola
de pájaros en fuga

La vería, sería un lujo
si alzara más la cara

Pero todavía no

No hay campo abierto
aún para la fábula
si el cielo se engarruña

Caen las primeras gotas…

El niño ensimismado
trae un rifle en la mano,
regalo de… a saber

Si hubo un disparo aleve
luego puede haber otro
el único certero
premioso como un signo
coloide, a hurto, si bien,
o incierto gota a gota

Pero todavía ¿cuándo?
La culpa teje engaños
de antes y después

Y mientras tanto ambiguo es el letargo
porque todo argavieso desorienta, y
más aún
si el aire es el despeine del presagiado
aojo
Pero ¿hubo resistencia?

La terquedad empapa
si empapa la aflicción
Desveno es cada gota,
su ensanche —a poco— omiso,
alicaído al fin,
como para invertir los elementos
de un venturoso hechizo

Todo disparo cuaja, arde, subvierte,
insta a otra vida larva,
la que sobrevendrá
Lo fantasmal que tienta todavía,
aunque sin realidad quede la duda
y sin duda las ganas de dudar,
por lo cual, asegún
Será de noche o ¡nunca!
cuando el niño decida
arrojar contra el agua
su regalo mendaz

 


Daniel Sada

Publicado en: TextoS, Suntuas Académicos, núm. 3, octubre-diciembre de 2000.