Dos poemas

decíamos ayer

Dos poemas

Por WALLACE STEVENS

 

El planeta en la mesa

Ariel estaba feliz de haber escrito sus poemas.
Fueron de un tiempo que recordaba
O de algo que había visto y le agradó.

Otras creaciones del Sol
eran el dispendio y el desorden,
Y el maduro arbusto retorcido.

Él mismo y el Sol eran uno
Y sus poemas, aunque obra suya,
Eran también obra del Sol.

Era irrelevante su supervivencia.
Lo importante era definir
Algún lineamiento o un carácter,

Cierta afluencia, acaso apenas perceptible
En la pobreza de sus palabras,
Del planeta del cual formaban parte.

 

El poema que tomó el lugar de una montaña

Ahí estaba, palabra por palabra,
El poema que tomó el lugar de una montaña.

Aspiró su oxígeno,
Aun cuando el libro yacía sobre el polvo de su mesa.

Le recordó cuánto necesitaba
Un lugar para decidir su propio rumbo,

Cómo había recompuesto los pinos,
Removido la roca y elegido su dirección
/en medio de la nubes,

Hacia la perspectiva que sería la justa,
Donde podría completar una realización inexplicable:

La roca exacta donde descubrir
su inexactitud, y a la postre, la vista de su elección,

Donde podrían tirarse, y mirando hacia el Océano
Reconocer su hogar, solitario y único.

 


Wallace Stevens (Pensilvania 1879 – Connecticut, 1955) fue un poeta estadounidense, adscrito a la corriente vanguardista en lengua inglesa. Trabajó toda su vida como abogado de compañías de seguros. En 1955 obtuvo el Premio Pulitzer de Literatura.

 

Publicado en: TextoS, Suntuas Académicos, núm. 3, octubre-diciembre de 2000.